A perro flaco, todo son pulgas. No son buenos tiempos para que las ideas prosperen, con la gente dejándose acunar lentamente por el miedo, agarrados todos al altar, la nación, la patria, la ideología o cualquier clavo ardiendo que les libere de ese pánico nacido en el bolsillo y que se ha expandido a todos los niveles. El miedo es libre, galopa sin control y convierte Europa en un edificio agrietado por donde aparecen los huesos de los abuelos.