El “casi” descubrimiento del bosón de Higgs ha tenidos varias consecuencias y una gran oportunidad perdida, y en conjunto es la demostración de que el eje sobre el que ha gravitado la Humanidad durante milenios ha cambiado definitivamente. 

Es un hecho científico de primer orden que cierra una etapa de investigación que empezó con la formulación del átomo por Tales de Mileto en la Grecia clásica y que llega hasta el propio Higgs, presente en la puesta de largo de la noticia y que, emocionado, aseguró que era un milagro estar vivo para poder ver que, efectivamente, tenía razón. El bosón de Higgs da una gran certeza sobre cómo es el universo, cierra una pregunta que ha obsesionado a la ciencia durante mucho tiempo y de regalo le plantea ahora otras mil preguntas más.

Así es la ciencia: se hace preguntas que cuando tienen respuesta dan de regalo otras diez preguntas nuevas. Es un método de conocimiento basado en el ensayo y error, en la contrastación de los resultados, en que ninguna respuesta es nunca definitiva y que los dogmas están para derribarlos a mazazos, le duela a quien le duela, le pese a quien le pese. Por eso es tan admirable el trabajo científico, porque es lo más cerca que está el ser humano de la cuasi perfección intelectual. Lo más parecido a eso es un escritor o un artista que forjan mundos que podemos recrear en nuestra imaginación.

La noticia ha tenido, además, varias consecuencias y una oportunidad perdida. 

1. La física ha demostrado ser la ganzúa de la ciencia para abrir la puerta del universo. Si ya tenían reputación de tipos raros que buscan en la nada negra absoluta, a partir de ahora los físicos serán los reyes de la fiesta, gente capaz de hablar durante horas de cosas que no ves, que no sientes pero que están ahí. Como un Dios caprichoso pero certero.

2. La coordinación de científicos de 34 países, especialmente europeos, demuestra que Europa sigue siendo la cuna de la ciencia junto con EEUU. La colaboración ha superado barreras nacionales: lo que los políticos reunidos en Bruselas no son capaces de hacer, quizás los científicos sí pueden. Sería cuestión de expulsar a los cortesanos de Bruselas y probar suerte con gente como Higgs y sus discípulos. Quién sabe…

3. Lo del bosón de Higgs es una de esas cosas que casi nadie entiende pero que todos los medios de comunicación, espoleados por la necesidad, anuncian a bombo y platillo. Los periodistas no pillan de qué va el tema, así que tiran de agenda para dejar hablar a los colaboradores de ciencia y que sean ellos los que escriban, no vaya a ser que metan la gamba (otra vez) con un tema que no dominan (otra vez). Mañana seguirán sin entenderlo, pero son cosas de la ciencia y su ignorancia la aparcarán como algo anecdótico. Desde luego este gremio tiene mucho que aprender.

4. La iglesia católica, ese ente difuso y kafkiano, ha decidido que una vez más éste era un momento perfecto para mear fuera del tiesto. Otra oportunidad perdida para reformarse. Cada vez que un hombre con alzacuellos habla de ciencia es como tentar al demonio: diga lo que diga, incluso cuando sabe de lo que habla, terminará por estrellarse contra la realidad de que sirve a una ideología desfasada, primitiva y que basa toda su fuerza en la irracionalidad y dogmas indemostrables. Una religión no puede discutir de ciencia porque su columna vertebral es la fe: es como poner a un carpintero a diseñar centrales nucleares. Y sin encima sacan a su portavoz de siempre a decir memeces como que la física no puede descubrir la creación de Dios… una pataleta infantil digna de una tradición que ya estaba en la cuneta de la Historia en el año 1500 y que cada día pone un clavito más en su ataúd. Y mientras tanto, el cristianismo puede extenderse por el mundo, pero sus soluciones no aportan nada a la Humanidad, que ahora sí, ya ha cambiado de base para su trabajo. Dios es un físico teórico, y si no que se lo pregunten al bosón…