Noticia de hace unos días: Yoda tendrá su propia película al margen de la nueva trilogía de Star Wars; traducción, Disney, la nueva dueña de la franquicia, no conoce límites a su avaricia. 

El estudio que le compró Lucasfilm a George Lucas por una millonada tiene previsto expandir ese universo con películas centradas en las figuras de sus protagonistas, según confirmó el consejero delegado de la compañía, Bob Iger. Y uno de los primeros en ser diana será Yoda, si bien todavía no se ha confirmado. Es una demostración más de algo que ya ocurrió cuando Disney compró Marvel Cómics: todo por la pasta. En cuanto se pusieron de moda las películas de héroes del cómic y tanto DC como Marvel creaban sus propias productoras de cine para explotar el filón, apareció Disney para quedarse con el negocio con un cheque por delante.

Lo hizo antes con Pixar, lo repitió con Marvel y está dispuesto a hacer lo mismo con Lucasfilm, una forma de capitalismo en el negocio audiovisual consistente en esperar que otros hagan el trabajo sucio y comprar el resultado cuando está al alza, aunque quizás con Marvel llegaron un poco tarde. Esto significa que los seguidores de la saga setentera por definición van a llorar al ver cómo sus mitos se repiten una y otra vez: porque ahí reside el truco, estrangular y exprimir a la gallina de los huevos de oro hasta dejarla seca.

Eso nos lleva a otro punto: ¿es realmente inteligente coger un producto más o menos cerrado, cuya segunda trilogía fue decepcionante, y darle otra vuelta de tuerca con los mismos parámetros para darle más vida comercial? Creemos que no, pero eso es cuestión de gustos. Evidentemente Star Wars llevará mucha gente al cine y el mercadeo posterior de figuritas, cómics, videojuegos, animaciones y demás subirá como la espuma. Tras la cámara se pondrá J. J. Abrams, “genio” en retirada después del fracaso de sus otras series para la TV de EEUU (sólo triunfó realmente con ‘Lost’); por lo menos es la promesa de que algún giro interesante habrá, pero no definitivo para recuperar la tensión.

Siempre hemos creído que no debería haberse rodado la segunda trilogía: no era necesaria y fue decepcionante. Tanto como para bostezar en demasiadas ocasiones, o como para ahorrarse el dinero de verla en el cine y esperar a un cómodo archivo avi en el ordenador de casa. Sea como fuere, Disney vuelve otra vez a cometer el mismo “error o acierto”; lo primero porque mata la franquicia con su obsesión con explotar más la mina ya reseca, y lo segundo porque ganará dinero, cierto, pero es muy factible que no recupere los 4.000 millones de dólares que pagó por Lucasfilm. O sí, quién sabe. Igual tienen tanto dinero por algo. Pero vamos, nada de pagar entrada: estas cosas mejor en el ordenador y sin dolores de bolsillo.