Si las mujeres son invisibles imaginad las escritoras, esas figuras decorativas que los críticos parecen obviar una y otra vez.

Tener ovarios parece ser peligroso a la hora de darle a las teclas para escribir. O cuando menos parece necesario tener pene para que haya más posibilidades de que elijan tu obra entre las mejores del año. Una idea brotó en la mente: en las famosas listas de quiénes son los mejores, ¿cuántos serán mujeres? Se nos ocurrió después de pasear por la Feria del Libro y observar que allí los gustos de la gente parecían muy igualitarios, ¿pero y entre los críticos? Pues parece ser que no… Quizás 2012 fue un mal año para escritoras, pero el resultado se repetía con cada viaje al pasado, con ligeras variaciones, pero poco más.

Después de revisar los últimos tres años nos dimos cuenta de que no hacía falta irse muy atrás porque el patrón se repetía una y otra vez; bastaba con elegir 2012 y ampliar el espectro de revisión: elegimos seis medios muy diferentes (ABC, El País-Babelia, El Cultural, TVE y El Periódico de Catalunya y La Vanguardia) y revisamos cuáles eran los mejores libros del año pasado. La comparativa es como un abismo que se abre bajo los pies: 71 a 4, en ellos muchas veces repetidos (es obvio), pero en ellas siempre diferentes. Esa es la proporción mágica de un ambiente, el literario, que por extensión intelectual debería ser más sensible a la presencia femenina, o cuando menos entender que las mujeres escriben y publican tanto como los hombres. Pues no.

De este simple dato se desprenden dos posibilidades: una, que las mujeres no saben escribir, o dos, que los críticos (mayoritariamente hombres, casi en un 90% de los revisados en esos medios) no leen obras de mujeres. Por qué eligen lo que eligen queda en el misterio de sus mentes. A fin de cuentas, es cuestión de gustos. Sea como fuere, la diferencia es tan inmensa que llama la atención poderosamente. Porque es matemáticamente imposible que de todos los títulos escritos por mujeres (y son ya más del 40% del total) no haya más que cuatro que merezcan la pena entre una treintena larga de títulos. O el baremo para medir a los hombres es muy bajo o el de las mujeres muy alto, pero es imposible que en una habitación haya diez escritores y sólo uno sea mujer. Lo que sí es posible es que en esa misma habitación haya diez críticos y todos sean hombres.

El problema es que es la crítica y no las ventas las que hacen que un libro, por ejemplo, de el salto hacia las aulas. La crítica hace la fama artística y ésta convierte un libro en un clásico para los colegios. El resultado es que a duras penas ellas están presentes en el proceso educativo. Los lectores tienen que descubrirlas una vez fuera de las aulas, con lo que el proceso de silencio e invisibilidad se retroalimenta. El crítico tiene un papel fundamental a la hora de enjuiciar quién vale y quien no para la posteridad, deja una marca de calidad que suele ser seguida por mucha gente… y de ese desequilibrio en el juicio nacen las primeras formas de discriminación. No sabemos si esto está muy pillado por los pelos, pero no deja de ser asombroso que entre tantos libros apenas necesitemos los dedos de una mano para contar a las mujeres. ¿De verdad ellas no saben escribir?, ¿en serio…?

En el ABC eligen trece libros según las opiniones de críticos y escritores, y de ellos sólo hay una mujer; entre los seleccionadores hay dos mujeres, que eligen a su vez a hombres. En El Cultural hacen su elección por artes y en el campo de la literatura eligen la mejor obra de ficción, de no ficción, de poesía y la mejor ópera prima: todos hombres. En El País hay un total de 40 títulos seleccionados entre todos los apartados imaginables posibles (novela, ensayo, biografía, poesía, textos traducidos) y sólo hay una mujer, Olvido García Valdés. El Periódico de Catalunya hace su lista, fusionando castellano y catalán, y no hay ni una. Y finalmente, en TVE, eligen diez y al menos hay dos mujeres, Nicole Krauss y Almudena Grandes. En La Vanguardia repetimos el mismo rastreo y resulta que de 10 libros en catalán y otros diez en castellano sólo hay dos mujeres, Núria Martínez Vernís y Olga Merino.