Siempre hay una forma mejor, más inteligente, de hacer las cosas, el problema es que en España cuesta pensar a largo plazo, especialmente para el Gobierno.

Francia consultó con las instituciones culturales, con los productores y los diseñadores de ese pequeño monstruo que es la industria cultural francesa, tan potente como cerrada al exterior en muchos aspectos, especialmente en España. Y después de hacerlo ha decidido bajar el IVA cultural del 7 al 5% y de paso dar una demostración de visión logística. Francia apenas tiene un tercio de hablantes que el español, pero sabe hacer las cosas mejor. Con más astucia. Con ingenio. Pero es que pensar cansa, especialmente cuando tienes que dirigir un país, ¿verdad?

Aquí el IVA cultural está al 21%. Subir los impuestos siempre es una canallada excepto cuando hay una necesidad vital para el Estado y el país. Que sepamos ni estamos en guerra ni lo vamos a estar, no hay una urgencia nacional más allá de la mala gestión política de una crisis económica en parte promovida por la estupidez de la misma clase política; no hay razones para cebarse con unas subidas de impuestos inútiles puesto que la consecuente caída del consumo no compensa los beneficios de la subida. 

En Moncloa no se dan cuenta que cuando una entrada de cine pasa de 6 a 8 euros casi de golpe la gente deja de ir, y lo mismo ocurre con el teatro, la ópera, el circo, los conciertos… todo se resiente. La cultura no hay que subvencionarla, hay que darle herramientas para que sea autosuficiente. Pero subvencionarla es muy goloso para el poder, para tenerlo a su servicio, un pecado cometido tanto por el PSOE como el PP o los partidos nacionalistas. Y luego la asesinan subiendo impuestos como si fueran señores feudales.

Es el acto de bajarse del trono y consultar con los afectados la gran diferencia: aquí la subida fue de un día para otro, con nocturnidad, alevosía y de viernes para lunes. Una bofetada que tiene de fondo implicaciones ideológicas: no son pocos los que en las filas conservadoras se alegran de los problemas económicos del cine, el teatro o la música, una vendetta porque este sector, vapuleado durante décadas por la derecha española, se rebelara contra ellos. El problema es que la cultura no desaparece, seguirá adelante, bajo mínimos, porque se sostiene por la voluntad artística de una sociedad, la cual persiste haya un millón de euros o cien en el bolsillo. Eso sí, pasará factura: cuando llegue el momento el mundo cultural español volverá a pasársela al poder, y será mucho más alta.