Después de hacer una masacre sólo hay algo peor: que el asesino intente curar a los caídos que le caen bien. 

El gobierno del PP acaba de cometer un acto de sádica crueldad propia de un bárbaro del siglo IV: primero sube el IVA al 21% a la renqueante y nunca bien llamada industria cultural española, y luego se lo baja al 10% sólo a un sector, el del mercado del arte y las Fallas, una tradición capaz de devorar a cualquiera. A día de hoy eso es una crueldad intolerable e innecesaria. Enfrentan a los sectores y le perdonan la vida sólo a unos pocos, a los que pueden comprar y vender arte. Es decir: Arco, el puñado de ferias menores nacionales, las galerías y los coleccionistas. Entre ellos habrá algunas, como las pequeñas galerías que sólo quieren sobrevivir haciendo lo que saben, que reciban una pomada considerable que podría suponer evitar su cierre. Conocemos a varios galeristas y artistas que tirarán para delante y nos alegramos (y mucho) por ellos, porque pagaban justos por pecadores.  

Pero el resto de beneficiados no son precisamente víctimas de la crisis económica. El 60% del negocio del arte en España lo maneja una lista de personas que tienen de sobra para alimentarse ellos y quizás una provincia entera de algún país africano. Una de las razones de que hayan bajado el IVA puede ser electoral: en mayo empieza la gira electoral continua que culminará en 2015 con las generales y las autonómicas y locales. Y si algo teme un político no es a Dios o al Pueblo, ni a la Ley, es a un ciudadano votando. Así parece que el gobierno afloja la mano al cuello de la cultura y puede tener buena imagen. Pero no levanta la guillotina sobre el teatro, la música o el cine. Esos no, esos son peligrosos. Traducción: no nos votan.

Otra de las razones es algo que llevan barruntándose algún tiempo: el auge de un mercado negro paralelo para evitar pagar impuestos. Muchas galerías tienen parte trasera, y muchos coleccionistas hacen apaños en privado para no tener que declarar un cuadro. En principio no debería ser un problema porque el negocio del mercado del arte en España no es muy grande, pero sí que hay un agujero fiscal importante cuando un cuadro tiene un precio de 500.000 euros, por ejemplo, y Hacienda no recauda nada porque pasa de unas manos a otras sin que haya IVA o factura ni nada. Eso sí que les hace daño: ver cómo su propia gente igual estafa millones de euros sin que el Estado “trinque” nada cuando necesita liquidez como un ser vivo aire para respirar.

Así pues, el gobierno se comporta de la misma forma que un sádico bárbaro: primero te corta una pierna y luego te pregunta si necesitas algo, pero no a todos, sólo a los que le caen bien. Más allá de todo esto la repentina bajada del IVA en once puntos demuestra que en la Moncloa no hay una política fiscal seria, que no hay una política cultural (más bien una política anticultural) y que la política, en sí misma, ha desaparecido entre las exigencias aleatorias y caprichosas de Bruselas (donde sólo determinados países pagan el esfuerzo mientras otros viven en una nube de hipocresía) y las filias y fobias del partido de turno. Y lo peor es que todavía podemos caer más bajo: Ucrania es un buen ejemplo. Pero cada vez queda menos para que no sea tan lejano.