Todos saben sus nombres, sus medios, sus padrinos y sus métodos; son esa gente que vocifera, grita e insulta sin parar siguiendo al pie de la letra eso de “haz ruido para que te vean”. 

España está sufriendo un proceso mediático muy parecido al de EEUU: la derecha se encastilla en los medios mientras la izquierda y el resto responden con humor, que es como el ácido sulfúrico en cómodas dosis. En EEUU aparecieron Fox News y las radios ultraconservadoras con gente como Bill O’Really o Rush Limbaugh, un tipo que deja a Jiménez Losantos o Paco Maruhenda como niños en pañales. Al otro lado han surgido otros polos de reacción que utilizan el humor como arma contra tanta zafiedad. En EEUU son gente como Jon Stewart, Bill Maher, Stephen Colbert o Conan O’Brian (en menor medida, eso sí, que este es más humorista que justiciero). Aquí está El Gran Wyoming, que a su manera algo trastocada y necesitada de aire fresco hace esa función de contrapeso y que sabe alimentar su programa con las salidas de tono de los demás. Tampoco es que nos haga reír ni termine de convencer, pero ya que Buenafuente está de capa caída bien vale un madrileño acartonado.

Las burradas y meteduras de pata del corifeo ultraconservador norteamericano están a años luz de las que se ven y escuchan en España, aquí todavía se cortan y tiene algo de temor de Dios, pero cada vez la distancia es más corta. No será por ganas, no. Son tan burros que no perdonan ninguna veleidad humanista que se salga de su corsé ideológico, que en realidad no existe: ni son democristianos ni liberales, contradicen estas ideologías, son una manada de orcos salidos de Mordor que habrían mandado al cadalso a Gandhi por hippie, rojo y subversivo. O a Jesucristo, que se paseaba por ahí con el pelo largo, barba y una túnica cantando el amor entre los humanos. Vamos hombre, habrase visto semejante progre…

El periodismo es un ejercicio de equilibrio entre lo que necesita saber el pueblo y lo que el editor de turno deja decir al periodista. Eso siempre y cuando éste no se haya vendido por un plato de lentejas, que es lo más normal. Porque el estómago manda sobre la razón, y más en época de crisis. Dicho esto, los medios a sueldo del fondo de reptiles de los partidos políticos son tan brutales en su análisis como un martillazo en los dedos: todo lo que no sea como ellos está mal y es necesariamente maligno. El PSOE también ha pecado de forma parecida cuando sostenía a El País contra viento y marea (¿lo hace aún?). Todavía no han apuntado realmente a nadie, pero ya falta poco para que algún gurú desatado que no conoce límites diga un nombre y algún cafre termine disparando o golpeando. Y eso a pesar de que los tribunales tienen montañas de denuncias y condenas. Pero no pasa nada: ya pagará el gran padrino de la calle Génova, que por alguna razón desconocida no hace nada para buscar el voto de centro. Suponemos que es la psique limitada de Rajoy el que toma la decisión. Estas cosas, con Aznar, no pasaban.

Una gran parte de la profesión periodística está prostituida a los intereses de los partidos, y no dudan en beber del maná de dinero del poder con tal de seguir viviendo. Una cosa es ser conservador y otra un caos que cae en todas las contradicciones imaginables con tal de machacar a los enemigos de la patria. Pero los datos de la realidad cantan en su contra: la Cope, a su manera, se ha ido centrando lentamente y ha subido en audiencia, mientras que los medios cada vez más escorados a la derecha pierden pie (como 13Tv, ABC o Libertad Digital) o desaparecen agónicamente (como Intereconomía). La Razón aguanta porque tiene al grupo Planeta a la espalda y porque vive de fagocitar al ABC y El Mundo. Y del dinero de otros, claro… que es un secreto a voces en la profesión.

El extremismo es pan para hoy y hambre para mañana. Ata a los más radicales con lealtad, regalándole al oído del ibérico común el abanico de tópicos, lugares comunes y clichés que no representan ningún problema para el cerebro aletargado del fanático español medio, pero a largo plazo les caricaturiza y termina por no tener vías de escape si no es con una reconversión digna de la escena final de Hamlet, todo lleno de sangre. La Cope se cargó a Jiménez Losantos y César Vidal para poder avanzar. Porque esa es otra: la derecha mediática, a diferencia de la política, es terriblemente cainita. En los últimos meses hemos visto a Jiménez Losantos poner a parir a Paco Maruhenda con la misma pasión que a Zapatero, mientras César Vidal despotrica contra la Cope… Es como la escena de ‘Diez negritos’: cada vez que se apaga la luz sabes que alguien lo va a pasar mal.

El recorrido de este fenómeno típicamente americano depende mucho de quién esté en la Moncloa y de la cantidad de dinero que tenga el fondo de reptiles. Es más que probable que el siguiente gobierno tenga que ser de coalición, porque el PP (ganará salvo que la gente reaccione) no tendrá suficientes escaños para formar un gobierno mínimamente viable, el Parlamento se fragmentará todavía más y habrá que pactar. ¿Pero quién querrá pactar con el PP después de cuatro años de vía crucis social y mediático? La sociedad suele encajar mal a los que la ponen de los nervios, y el hecho de que entre todos esos medios apenas sumen un millón de espectadores y radioyentes y unos 200.000 lectores dice mucho de la verdadera dimensión de estos grupos. Pero claro, cuando uno hace tanto ruido parece más grande, que se lo digan si no a las serpientes de cascabel…