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Alcohólico, alucinado y poeta

Casi toda la obra de Edgar Allan Poe está traducida al español, gracias en parte a Borges y Cortázar: consagrados de otro idioma transmitiendo el genio alucinado y extraño de quien soñó ser poeta pero terminó convertido en un mito entre la alucinación, los excesos, el romanticismo lacerante y la carga de ser un pionero, un adelantado a su tiempo que le uniría a la larga lista de los “malditos”: Edgar Allan Poe. Tan atormentado, alucinado y extremo como clásico generaciones después, convertido en un canon, parte invisible pero “muy visible” (contradictorio pero cierto) de la cultura popular y fuente en la que han bebido creadores de todo el mundo, sea cual sea su origen, idioma o ideas.

La pandemia (9) – La falsa nueva normalidad

Falsa porque el ser humano es tremendamente persistente en sus errores, los cuales comete una y otra vez, en diferentes versiones y dimensiones. El golpe no ha sido tan fuerte (todavía), pero sí podría ser el principio de una cadena de impactos que sí podrían, a largo plazo, provocar un cambio. “Nueva normalidad” es un concepto basado en la idea apresurada de que la pandemia va a cambiar sociológicamente y materialmente nuestra cultura, lo cual es tremendamente ingenuo y es probable que esconda algún tipo de intencionalidad camuflada. El legado del Covid-19, como ha ocurrido en casi todas las pandemias y giros violentos de nuestra especie, va a ser más complejo e incontrolable de lo que pensamos.

La pandemia (8) – Trabajar el futuro

El futuro es un lienzo sobre el que podemos dibujar, el presente es una realidad que apenas controlamos, el pasado es una carga incesante. Sólo podemos hacer una cosa por nosotros mismos, y es intentar conducir el futuro, no con detalles pero sí al menos con un mínimo de planificación, aprovechar la situación de extrema necesidad para hacer cambios duraderos. De lo contrario la combinación infinita de condiciones de la realidad tomará vida propia y nos limitaremos a tragar con lo que venga mientras se nos va el presupuesto en llantos, cacerolas y pataletas.

La pandemia (7) – La falsa guerra política

Las crisis sanitarias tienen la virtud de desnudar al Emperador y dejarlo ante sus propias vergüenzas. Lo que ha dejado esta pandemia que no termina es el efecto de darse de bruces con la realidad. Pocos países hay en el mundo tan adictos políticamente a la gasolina y las cerillas como España. La democracia española es una “partitocracia” donde las redes de poder no respetan ni el sufrimiento de la sociedad ante una enfermedad que parece un francotirador sádico. Al margen del juego de la ruleta rusa del PP, empeñado en reaccionar como lo han hecho todos los partidos conservadores históricamente (sólo puedo gobernar yo, todo lo demás es caos), y de la tendencia al personalismo excluyente del PSOE (ya lo decía mi padre, ése partido es su líder y lo demás son circunstancias), la decepción del pueblo respecto a sus próceres es inmensa, generalizada y no augura nada bueno.

La pandemia (6) – La responsabilidad individual (y no te va a gustar)

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Pocas veces hemos tenido que enfrentarnos con tanta fuerza a la necesidad de apuntalar la responsabilidad individual como durante la pandemia. Y muy pocas veces también ha surgido la duda de si la población está dispuesta a asumir el otro lado de la libertad individual, los deberes imprescindibles para que una sociedad funcione. Mañana empieza la fase 1 en muchas provincias, y veremos hasta qué punto respondemos como sociedad civilizada. Porque una minoría ya ha demostrado, desde que se pudo salir con niños, que no todos entienden que no hay libertad sin responsabilidad. Aviso: a nadie le gusta que le recuerden sus errores, son libres de parar de leer y mandarnos a… donde les apetezca, este es un país libre. Relativamente y temporalmente confinado, pero libre.

La pandemia (5) – Lean a los estoicos

Para estos tiempos en los que el ánimo, los nervios, la serenidad y lo que creíamos un mundo bien controlado saltan por la ventana no hay mejor recurso que el estoicismo, y más concretamente la ética estoica. Olvídense de la dimensión popular banal que le ha dado el tiempo, un individuo estoico es mucho más que alguien que aguanta con todo. Eso sólo es una burda simplificación. Y si ha habido una época para ser estoico, desde luego es ésta, y más en España, donde la impaciencia es la Reina dominante. No va a ser mucho, tranquilos, apenas tres o cuatro párrafos muy concentrados para leer del tirón.

La pandemia (4) – La sanidad y las tres lecciones del día después

Una de las lecciones recurrentes de toda crisis sanitaria es fortalecer la propia sanidad. Un virus puede hacer más por el futuro sanitario de un país que miles de millones de euros en marketing y propaganda política. En algunos lugares como Madrid o Cataluña años de recortes presupuestarios estallan en la cara de gobiernos y ciudadanos. Y el sistema sanitario privado jamás podrá encajar un suceso como éste, porque se diseñó para una minoría que pide hora con tranquilidad, no para urgencias o las masas. Pero se pueden sacar tres lecciones positivas para el futuro.

La pandemia (3) – Los apocalípticos y los proactivos

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En toda crisis hay dos opciones: el caos o la organización. En toda tragedia hay dos salidas: el dolor ilimitado o la resiliencia. En todo estado psicológico, emocional y social de alteración hay dos reacciones: ser apocalíptico o ser proactivo. Es la diferencia entre salir del agujero con fuerza o no hacerlo.