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Bauhaus, un siglo de belleza funcional

Se cumplen 100 años de la Bauhaus, un proyecto revolucionario que nació en Weimar en 1919 y que culminó con un escandaloso cierre por parte de los nazis en 1933. Irónicamente su disolución provocó el exilio de sus creadores y alumnos, expandiendo sus ideas por toda Europa y EEUU. Más de una década de vaivenes políticos y humanos que sin embargo no alteraron el legado artístico de la Escuela de la Bauhaus: la belleza moderna debía ser funcional, sencilla, minimalista, el diseño adaptado al uso y a su función real; lo industrial también podía ser arte y belleza, que se alcanzaban por la funcionalidad sencilla y elegante.

La falsa herejía más divertida del cine

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Han pasado 40 años desde que los Monty Python sacaran adelante la que, según ellos mismos, es su mejor película, ‘La vida de Brian’. Una sátira, una comedia, una larga carcajada absurda directa a la inteligencia que fue sistemáticamente censurada, vilipendiada y luego olvidada. Cuatro décadas después no sólo es la mejor película cómica sobre la religión, sino que es un filme de culto que encumbró para siempre al grupo británico cuando ya estaban a punto de disolverse.

Hogar, dulce (vulcaniano) hogar

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A Marte los humanos emigrarán por estampida ante el horror formado en la bola azul. Quizás allí podamos construir una versión mejorada de la civilización humana, algo parecido a lo que deberíamos ser si nos consideramos seres racionales e inteligentes. Pero primero quizás habría que mejorar aquí en la bola azul, evolucionar antes de viajar. El salto. Siempre el salto: ese gesto sin realizar, en eterna dilación y espera, que nos haría mejores. No llega, y la parte de la Humanidad que es consciente de la situación sueña una y otra vez con el reseteo lejos. Escapar no arreglará nada.

El siglo XX contra el siglo XXII

Como indicaba no hace mucho en una de esas inserviblemente útiles redes sociales el periodista Daniel Arjona, el antiguo mundo se muere y el nuevo no termina de llegar, y entre medias se cultivan monstruos que dan mucho miedo. Es un buen resumen de lo que sucede a día de hoy, en esta peculiar “era interglaciar” que se abrió con la eclosión de la industria y la sociedad de masas a finales del siglo XX y ese futuro que nadie soñó mejor que Gene Roddenberry con ‘Star Trek’. Nunca la ciencia-ficción consiguió poner el listón tan alto, tanto que probablemente jamás lo alcancemos.

Psicohistoria y Hollywood

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La industria más caníbal jamás conocida junto con la maderera y la minera ya ha encontrado un filón nuevo: Isaac Asimov. El nuevo intento del show business norteamericano para depredar la obra de Asimov puede no ser el último, pero sí quizás el más serio, con dinero de Apple y unas consecuencias abrumadoras. Para el público no, que por fin podrá ver las novelas y relatos del polifacético autor en pantalla con algo de justicia, pero sí para la industria. No tanto por lo que se adaptará en formato de serie de TV, la saga ‘Fundación’, sino por las consecuencias para la ciencia-ficción como género o para la propia industria. Porque detrás de esto está Silicon Valley. Y eso significa mucho.

No es el sistema, son las personas

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Masa de gente en ByN - recurso

Repetid esta frase como un mantra: no es Brasil, son los brasileños; no es Estados Unidos, son los estadounidenses; no es Italia, son los italianos; no es Hungría, son los húngaros… La culpa del auge de la derecha radical no es de los países, sus culturas o los payasos que eligen como líderes. Nos hemos acostumbrado a centrar la responsabilidad en un elemento o dos, como si Trump o Bolsonaro fueran luciferinos con un plan. No hay plan, son el síntoma. No hay que combatirles a ellos, sino a los votantes, con sus miedos y su respuesta mediocre ante desafíos nuevos. La masa sentimental siempre es el verdadero problema. Ni siquiera las culturas: en los rasgos identitarios brasileños o norteamericanos no hay un elemento fascista igual que no lo hay en Alemania o España. El miedo que domina a la gente es el problema, y hay que combatirlo sin histeria ni parches, desde abajo.

La elegante caída de la hoja de otoño

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Europa no tiene buena memoria. Será porque es vieja y su población envejece a gran ritmo mientras es incapaz de refrescar su base de población. No hay ideología, tradición, mito nacional, étnico o cultural que resista la inevitabilidad de la mecánica universal, la física o la demográfica. Cada vez hay más ancianos, más jubilados que no trabajan, y éstos, por definición no son ni arriesgados, ni reformadores, ni intrépidos ni emprendedores. Algunos sí, pero son un puñado original que no suma. Sin políticas familiares reales que ayuden a refrescar la población, en guerra con la emigración porque nos ensucia el paraíso virtual de nuestros estados-nación seculares (y que es imprescindible económicamente), enterrados en vida en el terruño, Europa no espabila. No se trata de política, sino de demografía y cambio.

Aquella gris mañana de junio

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Por cada pesimista hay un optimista, y por cada uno de estos ciegos y sordos hay un sensato realista (que no piensa en lo peor ni en lo mejor que puede suceder, sino que busca soluciones) sepultado por el miedo o la esperanza banal de los otros. Sensatez, la mayor de las virtudes, la gran olvidada. La que le falta a Europa partida en dos, a España también; dos bandos, los que luchan por salvar una civilización que no espabila y los que se repliegan sobre la tribu y añoran a los machos alfa que simplifican un universo complejo. Qué bueno es no tener que pensar, que ya se encargan otros de conducir al rebaño.