CORSOEXPRESSO

Psicohistoria y Hollywood

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La industria más caníbal jamás conocida junto con la maderera y la minera ya ha encontrado un filón nuevo: Isaac Asimov. El nuevo intento del show business norteamericano para depredar la obra de Asimov puede no ser el último, pero sí quizás el más serio, con dinero de Apple y unas consecuencias abrumadoras. Para el público no, que por fin podrá ver las novelas y relatos del polifacético autor en pantalla con algo de justicia, pero sí para la industria. No tanto por lo que se adaptará en formato de serie de TV, la saga ‘Fundación’, sino por las consecuencias para la ciencia-ficción como género o para la propia industria. Porque detrás de esto está Silicon Valley. Y eso significa mucho.

No es el sistema, son las personas

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Masa de gente en ByN - recurso

Repetid esta frase como un mantra: no es Brasil, son los brasileños; no es Estados Unidos, son los estadounidenses; no es Italia, son los italianos; no es Hungría, son los húngaros… La culpa del auge de la derecha radical no es de los países, sus culturas o los payasos que eligen como líderes. Nos hemos acostumbrado a centrar la responsabilidad en un elemento o dos, como si Trump o Bolsonaro fueran luciferinos con un plan. No hay plan, son el síntoma. No hay que combatirles a ellos, sino a los votantes, con sus miedos y su respuesta mediocre ante desafíos nuevos. La masa sentimental siempre es el verdadero problema. Ni siquiera las culturas: en los rasgos identitarios brasileños o norteamericanos no hay un elemento fascista igual que no lo hay en Alemania o España. El miedo que domina a la gente es el problema, y hay que combatirlo sin histeria ni parches, desde abajo.

La elegante caída de la hoja de otoño

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Europa no tiene buena memoria. Será porque es vieja y su población envejece a gran ritmo mientras es incapaz de refrescar su base de población. No hay ideología, tradición, mito nacional, étnico o cultural que resista la inevitabilidad de la mecánica universal, la física o la demográfica. Cada vez hay más ancianos, más jubilados que no trabajan, y éstos, por definición no son ni arriesgados, ni reformadores, ni intrépidos ni emprendedores. Algunos sí, pero son un puñado original que no suma. Sin políticas familiares reales que ayuden a refrescar la población, en guerra con la emigración porque nos ensucia el paraíso virtual de nuestros estados-nación seculares (y que es imprescindible económicamente), enterrados en vida en el terruño, Europa no espabila. No se trata de política, sino de demografía y cambio.

Aquella gris mañana de junio

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Por cada pesimista hay un optimista, y por cada uno de estos ciegos y sordos hay un sensato realista (que no piensa en lo peor ni en lo mejor que puede suceder, sino que busca soluciones) sepultado por el miedo o la esperanza banal de los otros. Sensatez, la mayor de las virtudes, la gran olvidada. La que le falta a Europa partida en dos, a España también; dos bandos, los que luchan por salvar una civilización que no espabila y los que se repliegan sobre la tribu y añoran a los machos alfa que simplifican un universo complejo. Qué bueno es no tener que pensar, que ya se encargan otros de conducir al rebaño.

Así se rompe una sociedad plural

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Es bueno que los demás se equivoquen. Es mucho mejor que asistamos en directo a sus errores. La simple observación, cierto grado de empatía con el que comete el fallo y una reflexión práctica te enseña a no tropezar en la misma piedra. Al menos esa es la teoría, pero los humanos siempre cometen errores similares. Y son una masa que se mueve por dinámicas aleatorias y emotivas, no por racionalismo. Dos ejemplos: EEUU y Gran Bretaña, dos crisoles culturales que han decidido tirar por la borda un modelo. Veremos lo que no hay que hacer, lo que puede destruir una sociedad plural y enriquecida, el acto de quemar las naves sin heroísmo alguno. Porque han elegido el camino más fácil y reduccionista, y lo más probable es que no funcione.

La chispa inicial de Mary

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Resulta irónico y contradictorio que quien chasqueara los dedos para crear todo un nuevo mundo literario y cultural, muy propio de la nueva era que se forjaba a principios del siglo XIX, fuera una mujer. En un tiempo en el que muchos incluso discutían aún si tenían la misma alma que los hombres y que consideraban a las féminas poco menos que vasijas genéticas, Mary Shelley escribió ‘Frankenstein o el moderno Prometeo’ en 1818 y puso en pie una de las mayores creaciones culturales de Occidente, la ciencia-ficción.

El único hogar

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Hoy es el Día de la Tierra, uno de esos recordatorios artificiales pensados para una especie que no ha demostrado entender suficientemente lo que significa este mundo, y lo que representa. No hay otro hogar, patria o mundo propio que éste, y no lo estamos tratando bien. El precio que tenemos que pagar es un clima inestable, sequías, aumento del nivel del mar, ciclos del agua acelerados y radicales, menos cosechas, menos animales, y puede que la alteración irreversible a largo plazo del equilibrio que ha definido la vida. Sin la Tierra no hay vida tal y como la conocemos; es decir, que no hay futuro.

Lecciones que podemos aprender de los Globos de Oro 2018

Pongamos un tono más optimista y centrado en esa maquinaria tan encantadora para nuestra imaginación que es el cine y la TV, pero más específicamente la gran Meca del Cine, Hollywood, que lleva años con la sensación de generar más dinero pero menos fidelidad, más récords pero menos afluencia a los cines. La baja calidad general de los caballos de batalla de las productoras, el auge de la ficción televisiva e internet tienen pillada por el cuello a la máquina de hacer sueños. Los Globos de Oro de 2018 son un buen ejemplo del panorama. Aquí van las lecciones aprendidas.