CORSOEXPRESSO

La chispa inicial de Mary

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Resulta irónico y contradictorio que quien chasqueara los dedos para crear todo un nuevo mundo literario y cultural, muy propio de la nueva era que se forjaba a principios del siglo XIX, fuera una mujer. En un tiempo en el que muchos incluso discutían aún si tenían la misma alma que los hombres y que consideraban a las féminas poco menos que vasijas genéticas, Mary Shelley escribió ‘Frankenstein o el moderno Prometeo’ en 1818 y puso en pie una de las mayores creaciones culturales de Occidente, la ciencia-ficción.

El único hogar

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Hoy es el Día de la Tierra, uno de esos recordatorios artificiales pensados para una especie que no ha demostrado entender suficientemente lo que significa este mundo, y lo que representa. No hay otro hogar, patria o mundo propio que éste, y no lo estamos tratando bien. El precio que tenemos que pagar es un clima inestable, sequías, aumento del nivel del mar, ciclos del agua acelerados y radicales, menos cosechas, menos animales, y puede que la alteración irreversible a largo plazo del equilibrio que ha definido la vida. Sin la Tierra no hay vida tal y como la conocemos; es decir, que no hay futuro.

Lecciones que podemos aprender de los Globos de Oro 2018

Pongamos un tono más optimista y centrado en esa maquinaria tan encantadora para nuestra imaginación que es el cine y la TV, pero más específicamente la gran Meca del Cine, Hollywood, que lleva años con la sensación de generar más dinero pero menos fidelidad, más récords pero menos afluencia a los cines. La baja calidad general de los caballos de batalla de las productoras, el auge de la ficción televisiva e internet tienen pillada por el cuello a la máquina de hacer sueños. Los Globos de Oro de 2018 son un buen ejemplo del panorama. Aquí van las lecciones aprendidas.

Menos es más, sobre todo en biología

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Es muy posible que cuando todo pase, cuando la civilización y la propia Humanidad sólo sean un recuerdo polvoriento, los tardígrados sigan viviendo en el planeta. O incluso fuera de él. Sólo necesitan un poco de agua y su hábitat ya está creado: se hinchan y deshinchan a voluntad, un proceso de hibernación latente que puede soportar desde temperaturas infernales de más de 150º a rozar el cero absoluto, incluso ser expuesto al vacío exterior donde la radiación cósmica y solar aniquilan cualquier forma de vida. Menos es siempre más. Al éxito biológico por el camino de la simplificación brutal.

El mismo mundo con distinto disfraz

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No hace falta ser un gran experto en sociología o comunicación para darse cuenta de que el ser humano repite los mismos patrones de comportamiento, una y otra vez, en todas sus extensiones posibles. Después de más de una década de redes sociales y otros 20 años de existencia de internet abierto ya podemos concluir una cosa: ni nuevo mundo ni revolución, es el mismo patio de vecinos pero con más anonimato. Es decir, peor.

Turismofobia, la parte del cuento sin narrar

La sobredimensión del sector turístico ha puesto en pie de guerra a los vecinos de Barcelona, a Madrid al borde de empezar a tener un problema serio de vivienda (que va para el turismo y no para los ciudadanos), y al resto con los espacios públicos ocupados por la lógica del dinero fácil del turismo. Lo que empezó siendo un anexo y una muleta perfecta para crecer se ha convertido en una sombra que estrangula a la población, que tiene que lidiar con turismo barato y caótico. Y claro, pasa lo que tenía que pasar: la reacción contraria, de Barcelona a Palma pasando por Madrid.

La gran brecha

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Es posible que, con el tiempo, nuestros descendientes miren atrás y digan que el siglo XXI, especialmente la primera mitad, fue el de la gran transición, el salto adelante entre una forma de entender al ser humano y el nuevo modelo, totalmente diferente. Para resumir esa dualidad se podría decir, que es una transición entre un mundo dominado por el platonismo y otro aristotélico que se avecina. Pero lo peor no es ese gran cambio, sino sus víctimas, los que no podrán seguir el ritmo y pasarán de oportunidad a lastre. No van a ser buenos tiempos para la mayoría.

Julio Verne se equivocó (y lo sabía)

Julio Verne se equivocó. Los positivistas se equivocaron. Los filósofos de lo material del siglo XIX se equivocaron. Prometieron, cada uno a su manera, que el progreso material y tecnológico conllevaría el necesario progreso moral del ser humano. Acertaron en parte, pero no en el todo. Incluso él, en la etapa final de su vida, giró hacia una visión más sombría del progreso. Las amenazas a la democracia y el comportamiento xenófobo de muchas sociedades son una demostración de que el tribalismo primitivo persiste aunque se envuelva con diseño y tecnología.