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La pandemia (6) – La responsabilidad individual (y no te va a gustar)

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Pocas veces hemos tenido que enfrentarnos con tanta fuerza a la necesidad de apuntalar la responsabilidad individual como durante la pandemia. Y muy pocas veces también ha surgido la duda de si la población está dispuesta a asumir el otro lado de la libertad individual, los deberes imprescindibles para que una sociedad funcione. Mañana empieza la fase 1 en muchas provincias, y veremos hasta qué punto respondemos como sociedad civilizada. Porque una minoría ya ha demostrado, desde que se pudo salir con niños, que no todos entienden que no hay libertad sin responsabilidad. Aviso: a nadie le gusta que le recuerden sus errores, son libres de parar de leer y mandarnos a… donde les apetezca, este es un país libre. Relativamente y temporalmente confinado, pero libre.

La pandemia (1) – El miedo

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El miedo es una parte más de nuestra naturaleza. En las cantidades justas nos ayuda a sobrevivir en un mundo hostil incluso cuando gozamos de amplios recursos; fustiga el instinto, agudiza la percepción y el juicio rápido. Pero es como un vaso: si acumulamos demasiado y el vaso se llena, termina por desbordar. Entonces dejamos de ser racionales para convertirnos en muñecos de trapo dominados por ese miedo, perdemos el control sobre nosotros mismos, y si hay personas queridas vinculadas se multiplica aún más. El ser humano deja de comportarse de forma equilibrada, sensata, justa o inteligente; toda construcción ética y valor moral desaparecen para dejar al aire lo que siempre hemos sido en cuanto rascamos un poco: lobos solitarios. Sálvese quien pueda. Basta que desborde un poco ese vaso para que la civilización se desmorone. El coronavirus es un ejemplo perfecto de lo endebles que son los valores humanos, pero también de lo conscientes que somos de esa debilidad.

Hogar, dulce (vulcaniano) hogar

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A Marte los humanos emigrarán por estampida ante el horror formado en la bola azul. Quizás allí podamos construir una versión mejorada de la civilización humana, algo parecido a lo que deberíamos ser si nos consideramos seres racionales e inteligentes. Pero primero quizás habría que mejorar aquí en la bola azul, evolucionar antes de viajar. El salto. Siempre el salto: ese gesto sin realizar, en eterna dilación y espera, que nos haría mejores. No llega, y la parte de la Humanidad que es consciente de la situación sueña una y otra vez con el reseteo lejos. Escapar no arreglará nada.

Aquella gris mañana de junio

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Por cada pesimista hay un optimista, y por cada uno de estos ciegos y sordos hay un sensato realista (que no piensa en lo peor ni en lo mejor que puede suceder, sino que busca soluciones) sepultado por el miedo o la esperanza banal de los otros. Sensatez, la mayor de las virtudes, la gran olvidada. La que le falta a Europa partida en dos, a España también; dos bandos, los que luchan por salvar una civilización que no espabila y los que se repliegan sobre la tribu y añoran a los machos alfa que simplifican un universo complejo. Qué bueno es no tener que pensar, que ya se encargan otros de conducir al rebaño.

Los hombres que (de verdad) no amaban a las mujeres

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Realmente hay que darle las gracias a Stieg Larsson por el título de la primera novela de la saga Millenium, porque creó un nicho simbólico que resumía muy bien a esa legión de hombres que no entienden que cualquier construcción masculina basada en la discriminación directa o indirecta del 50% de la Humanidad es un lastre, una condena al fracaso y fuente inagotable de vergüenza presente y futura. Y muy mal negocio, por cierto. Las marchas de mujeres tras la toma de posesión de un misógino como Trump son un ejemplo de que esta actitud suicida está más presente que nunca.

Macedonia de Frutas: lo que debería pasar y no sucederá

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Esto no es un análisis de las elecciones del domingo; no merece la pena, ya hay tantos analistas como seleccionadores nacionales, así que mejor no perder el tiempo. Pero sí es una queja y una profecía sobre lo que no necesitamos y lo que seguro que va a ocurrir: nadie será capaz de llegar a un acuerdo, a pesar de que esta situación de ingobernabilidad es justo lo que hace falta para que el país pueda progresar. En la necesidad y el caos nace la situación perfecta para que sean los ciudadanos los que cambien el país. Sólo ellos pueden hacerlo, no sus delegados plenipotenciarios que jamás obedecen.

Donald Trump: el bufón que se hacía el loco

Lo tiene todo para parecer un imbécil de nivel, pero al mismo tiempo es el resumen de todo lo malo que puede ser un occidental, la suma de todos los miedos, paranoias, prejuicios, complejos y defectos de la sociedad occidental independientemente de que seas norteamericano, alemán, británico, ruso, francés o español. Porque aquí también hay muchos Donald Trump, pero no tienen ese pelo absurdo ni esa piel de mutante escapado de un laboratorio. Ni son tan astutos como él.

En un mundo mejor…. (rellenar al gusto)

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Vivimos en un mundo desequilibrado y sin armonía, donde los detalles mandan sobre el todo, la forma sobre el fondo, donde los intereses particulares parecen ser la única vara de medir y donde el individuo es sistemáticamente etiquetado, agrupado y empujado en una y otra dirección sin que sea tenida en cuenta su voluntad. Por eso, de vez en cuando, hay que soñar un poco y dibujar castillos en el aire, para que al menos tengamos todos un destino por el que remar y bregar.