No se puede patalear entre lágrimas por el cierre de un negocio privado, por mucha influencia social y cultural que haya tenido. Pero dicho esto, resulta sintomático de una sociedad cada vez más mercantilizada y corta de miras que lugares como el Café Comercial no tenga otras opciones que no sean bajar el telón metálico como si fuera un simple bar más.