Turismofobia, la parte del cuento sin narrar

La sobredimensión del sector turístico ha puesto en pie de guerra a los vecinos de Barcelona, a Madrid al borde de empezar a tener un problema serio de vivienda (que va para el turismo y no para los ciudadanos), y al resto con los espacios públicos ocupados por la lógica del dinero fácil del turismo. Lo que empezó siendo un anexo y una muleta perfecta para crecer se ha convertido en una sombra que estrangula a la población, que tiene que lidiar con turismo barato y caótico. Y claro, pasa lo que tenía que pasar: la reacción contraria, de Barcelona a Palma pasando por Madrid.

La gran brecha

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Es posible que, con el tiempo, nuestros descendientes miren atrás y digan que el siglo XXI, especialmente la primera mitad, fue el de la gran transición, el salto adelante entre una forma de entender al ser humano y el nuevo modelo, totalmente diferente. Para resumir esa dualidad se podría decir, que es una transición entre un mundo dominado por el platonismo y otro aristotélico que se avecina. Pero lo peor no es ese gran cambio, sino sus víctimas, los que no podrán seguir el ritmo y pasarán de oportunidad a lastre. No van a ser buenos tiempos para la mayoría.

Julio Verne se equivocó (y lo sabía)

Julio Verne se equivocó. Los positivistas se equivocaron. Los filósofos de lo material del siglo XIX se equivocaron. Prometieron, cada uno a su manera, que el progreso material y tecnológico conllevaría el necesario progreso moral del ser humano. Acertaron en parte, pero no en el todo. Incluso él, en la etapa final de su vida, giró hacia una visión más sombría del progreso. Las amenazas a la democracia y el comportamiento xenófobo de muchas sociedades son una demostración de que el tribalismo primitivo persiste aunque se envuelva con diseño y tecnología.

Los hombres que (de verdad) no amaban a las mujeres

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Realmente hay que darle las gracias a Stieg Larsson por el título de la primera novela de la saga Millenium, porque creó un nicho simbólico que resumía muy bien a esa legión de hombres que no entienden que cualquier construcción masculina basada en la discriminación directa o indirecta del 50% de la Humanidad es un lastre, una condena al fracaso y fuente inagotable de vergüenza presente y futura. Y muy mal negocio, por cierto. Las marchas de mujeres tras la toma de posesión de un misógino como Trump son un ejemplo de que esta actitud suicida está más presente que nunca.

El año gris

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portada gris

Termina un año malo para una cuarta parte del mundo. En líneas generales, para la mitad del orbe ha sido bueno: se han reducido las diferencias económicas y hay menos pobres. Para una cuarta parte todo sigue igual: son tan pobres como en 2015, y muchos incluso han perdido país, derechos y vidas. Pero para la otra cuarta parte ha sido nefasto, es decir, para todos nosotros, los occidentales. Un año triste, gris, mediocre, en el que por primera vez en mucho tiempo no tocamos fondo en la cómoda piscina de suave decadencia que habíamos heredado de 1989.

Nunca subestimes a un idiota (podría ser su siglo)

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La auténtica fuerza política y sociológica del siglo XXI no es ni el populismo, ni la tecnocracia, ni la enésima revolución científica, ni las mujeres. Que va. Son los idiotas, que como bien dijo Mario Cipolla marchan felices hacia el cadalso arrastrándonos a todos los demás. Jamás subestiméis a un idiota, y mucho menos su terquedad en reafirmarse en sus pensamientos acordes con su condición: los argumentos no valen. Son como una maleta llena de uranio, hagas lo que hagas te va a hacer daño. La elección de Trump es el mejor ejemplo: él no es idiota, todo lo contrario, pero sí que los sabe utilizar. Hay que crear un nuevo relato igual de poderoso para evitar ese daño. A trabajar. 

Educación y ciencia: del chamán al gato de Schrödinger

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La cultura no se reduce a artes, literatura y filosofía. La Humanidad ya rompió la barrera preindustrial hace tiempo, y la ciencia forma parte de nuestra existencia mucho más de lo que ningún escéptico pueda pensar. En los últimos 50 años la ciencia y la tecnología han pasado a formar parte de nuestro mundo más allá de ser asunto de una élite. Ya es parte de la cultura, por lo que se exige un mínimo de conocimiento científico que en España no existe. Pero eso se cura como toda ignorancia: leyendo. Porque tiene consecuencias a todos los niveles.

El siglo de los clavos ardientes

A perro flaco, todo son pulgas. No son buenos tiempos para que las ideas prosperen, con la gente dejándose acunar lentamente por el miedo, agarrados todos al altar, la nación, la patria, la ideología o cualquier clavo ardiendo que les libere de ese pánico nacido en el bolsillo y que se ha expandido a todos los niveles. El miedo es libre, galopa sin control y convierte Europa en un edificio agrietado por donde aparecen los huesos de los abuelos.